“Nos sentimos abandonados”: Escuela Diferencial F-33 de Calama denuncia graves falencias y exige intervención urgente del SLEP

La única escuela diferencial pública de Calama enfrenta cortes eléctricos, sello verde vencido, baños en mal estado, problemas de transporte escolar, falta de equipamiento e infraestructura deteriorada. Tras una visita en terreno junto al concejal Inti Alavia, el diputado Jaime Araya acusó abandono del SLEP y comprometió gestiones para exigir soluciones urgentes para una comunidad educativa que pide condiciones dignas, seguras e inclusivas para sus estudiantes.

La Escuela Diferencial F-33 de Calama, la única escuela diferencial pública de la comuna, atraviesa una crítica situación que preocupa a docentes, asistentes de la educación, apoderados y directivos. El establecimiento cumple un rol fundamental para niños, niñas y jóvenes con necesidades educativas especiales, incluyendo estudiantes provenientes de comunidades y sectores aledaños.

Durante una visita en terreno encabezada por el diputado Jaime Araya, junto al concejal de Calama Inti Alavia, la comunidad educativa expuso las principales falencias que afectan al recinto: cortes eléctricos por sobrecarga, sello verde vencido, baños en malas condiciones, deterioro general de infraestructura, problemas de movilización, falta de equipamiento y dudas respecto del proyecto de conservación que no ha logrado avanzar.

La inspectora general de la escuela, Yolanda Rebolledo, explicó que la comunidad solicitó la presencia de autoridades para que conocieran directamente la realidad que enfrenta el establecimiento.

“Solicitamos que viniesen en terreno a ver las necesidades, a conocer primero nuestra escuela, pero también a ver las necesidades gravísimas que estamos teniendo en estos momentos”, señaló.

Rebolledo sostuvo que las dificultades de la escuela impactan directamente en los estudiantes. “Tenemos problemas de movilización, de infraestructura, pero toda la solución de estos problemas va en directo beneficio de nuestros alumnos”, afirmó.

La inspectora destacó el compromiso de docentes, asistentes de la educación, directivos y apoderados con la inclusión de los estudiantes. Sin embargo, acusó que ese esfuerzo no ha sido acompañado con respuestas concretas desde el sostenedor.

“Tenemos un cuerpo docente, asistentes de la educación, cuerpo directivo y apoderados muy comprometidos al 100% para la inclusión de nuestros estudiantes, pero nos faltan voluntades”, expresó.

Luego agregó una frase que resume el sentir de la comunidad: “Nos sentimos abandonados como escuela, nos sentimos muy abandonados por nuestro empleador”.

Uno de los puntos más graves dice relación con el sistema eléctrico. Según lo informado por la comunidad educativa, el recinto presenta sobrecarga y cortes reiterados de suministro durante la jornada escolar. Esta situación resulta especialmente delicada en una escuela diferencial, donde hay estudiantes con parálisis cerebral y otras necesidades de apoyo que pueden requerir electricidad para asistencia, cuidados, comunicación, iluminación, terapias o condiciones básicas de seguridad.

Los problemas eléctricos no solo afectan el funcionamiento básico del establecimiento, sino también el desarrollo de talleres y terapias fundamentales para los estudiantes. La Escuela Diferencial F-33 cuenta con talleres de panadería, soldadura y administración, espacios que buscan entregar herramientas prácticas, autonomía y preparación para la vida laboral. Sin embargo, la falta de recursos, equipamiento adecuado y los reiterados cortes de energía dificultan que estas actividades se puedan ejecutar de manera regular y segura.

En el caso del taller de soldadura, la situación es especialmente compleja, ya que requiere condiciones eléctricas estables, seguridad técnica, implementación apropiada y recursos suficientes para funcionar correctamente. Lo mismo ocurre con otros espacios formativos, donde la falta de equipamiento limita las oportunidades de aprendizaje de los estudiantes.

Además, los cortes eléctricos afectan directamente la realización de terapias que requieren equipos específicos, interrumpiendo procesos de apoyo esenciales para niños, niñas y jóvenes con necesidades educativas especiales. En una escuela diferencial, la electricidad no es solo un servicio básico: es una condición indispensable para garantizar educación, cuidado, inclusión y continuidad terapéutica.

A ello se suma el sello verde vencido, situación que genera preocupación respecto de las condiciones mínimas de seguridad del establecimiento. Para la comunidad educativa, resulta urgente que las autoridades competentes aclaren desde cuándo se encuentra vencido, qué riesgos implica y cuáles son los plazos concretos para regularizarlo.

Otro problema planteado es el transporte escolar. La comunidad denuncia que la licitación del servicio no consideró acompañantes, pese a tratarse de una escuela diferencial donde muchos estudiantes requieren apoyo, contención y supervisión durante sus traslados. Para las familias, esta omisión representa una dificultad importante, ya que el transporte no puede ser entendido solo como un traslado, sino como parte del cuidado y resguardo que necesitan los estudiantes.

El diputado Jaime Araya sostuvo que la visita permitió constatar en terreno las dificultades que enfrenta la Escuela Diferencial F-33.

“Estuvimos con los profesores, estuvimos con los niños, con los asistentes de la educación, con los directivos, viendo la situación que tiene la Escuela Diferencial F-33 de Calama”, señaló.

El parlamentario comprometió gestiones para ayudar a resolver las problemáticas del establecimiento y apuntó directamente al SLEP por la falta de soluciones.

“Nos comprometimos a ayudarles a resolver sus problemas porque estamos en la comuna que más le aporta a Chile. Las condiciones educacionales no son las mejores, son problemas que con buena voluntad se pueden solucionar”, afirmó.

Para Araya, el punto de fondo es que los estudiantes de Calama merecen condiciones dignas.

“Los niños de Calama se merecen lo mejor y particularmente los que vienen de esta escuela. Son problemas que son pequeños, pero para esta comunidad escolar son gigantes. Y los funcionarios públicos no se pueden olvidar que están en sus puestos para resolver los problemas de la ciudadanía”, recalcó.

El concejal de Calama Inti Alavia también valoró la presencia del diputado en la visita y pidió una intervención urgente de las autoridades.

“Quiero agradecer la venida de nuestro diputado Jaime Araya, quien nos acompañó en esta salida a terreno en la Escuela F-33, donde hemos visto las graves deficiencias que tienen y que necesitamos una intervención urgente del SLEP y del Gobierno para que los niños de nuestra comuna tengan la mejor educación”, señaló.

Alavia recordó que Calama es una zona minera que aporta de manera significativa al país, por lo que consideró necesario que la comuna cuente con mejores herramientas para abordar estas necesidades.

“Esta es una zona minera, Calama aporta a todo el país, y es necesario que tengamos las herramientas necesarias para abordarlo como municipalidad”, afirmó.

Desde la comunidad educativa también plantean preocupación por la falta de trazabilidad del proyecto de conservación de la escuela. Según relataron, han sostenido múltiples reuniones y han solicitado información sobre el estado del proyecto, sus observaciones, responsables y plazos, sin obtener claridad suficiente.

La comunidad acusa que, pese a que el proyecto habría sido traspasado desde la administración anterior al SLEP, no existe certeza sobre dónde se encuentra actualmente, qué observaciones mantiene, quién debe resolverlas y por qué no ha sido priorizado. Incluso se planteó que otros proyectos de conservación de establecimientos educacionales han avanzado, mientras la F-33 continúa esperando respuestas.

Rebolledo también indicó que la escuela ha intentado activar redes de apoyo externas, pero que en algunos casos estas habrían sido limitadas o negadas. Para la inspectora, lo central es permitir que toda ayuda disponible pueda llegar al establecimiento si el SLEP no cuenta con los recursos suficientes.

“Entendemos que los recursos a nivel público son pocos, pero si no está el recurso al 100% de parte del SLEP, permítannos que nuestras redes de apoyo, empresas, entidades gubernamentales y entidades políticas tengan la oportunidad de poder prestar apoyo para nosotros”, sostuvo.

La comunidad escolar también ha impulsado propuestas propias, como el proyecto “Corazón en Papel”, presentado a El Abra, que contempla un invernadero educativo y pantallas táctiles para las salas, con el objetivo de fortalecer el aprendizaje, la estimulación y la inclusión de los estudiantes.

Sin embargo, desde la escuela insisten en que estas iniciativas no reemplazan la responsabilidad del Estado ni del sostenedor. La F-33 requiere soluciones urgentes y estructurales: electricidad segura, baños dignos, transporte adecuado, infraestructura en condiciones, certificaciones al día, equipamiento para sus talleres y claridad sobre el proyecto de conservación.

La pregunta que queda instalada es directa: si la Escuela Diferencial F-33 es la única escuela diferencial pública de Calama, ¿por qué no ha sido tratada como una prioridad?

Para la comunidad educativa, no se trata solo de mantención. Se trata de dignidad, seguridad, inclusión y del derecho de sus estudiantes a aprender en condiciones donde puedan estar protegidos, acompañados y felices.

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