Una aventura nocturna se transformó en una pesadilla hasta hoy. A tres meses de la mediática travesía que mantuvo al país en vilo —cuando tres personas sobrevivieron aisladas en la alta cordillera tras adentrarse en las Termas de Colina—, los caminos de sus protagonistas se separaron de la forma más brutal. Mientras Manuel Orellana, más conocido como «El Chino«, capitaliza la polémica entre invitaciones a la televisión y apariciones en eventos nocturnos, las dos educadoras de párvulos que lo acompañaban pagan la cuenta más cara.
En conversación con Página 7, «El Chino» decidió revelar un calvario laboral y emocional que atraviesan sus compañeras de refugio. Lejos de los focos y de las luces que a él le siguen generando créditos, las jóvenes que trabajaban como parvularias quedaron marginadas del sistema de educación primaria y enfrentan secuelas psicológicas severas a causa de la traumática vivencia y el juicio público implacable.
«Están ahora con un problema psicológico, están pasando por un tratamiento«, indicó Orellana al ser consultado sobre el paradero de las profesionales, asegurando que el nexo no se ha roto del todo con ellas: «Las ubico igual, porque somos de la misma comuna, uno sabe igual de dónde son ellas, cómo están, igual siempre la gente va comunicando a las demás personas«.

Al mismo tiempo, «El Chino» relató que aún mantiene contacto con quien fuera su pareja, Génesis.
El caso, que en julio movilizó un millonario operativo de socorro en pleno sistema frontal y posteriormente desató un enredo de acusaciones, destapa una asimetría muy particular: mientras el hombre de los polémicos antecedentes penales desfila por los medios y en eventos explotando su histrionismo, las docentes perdieron sus empleos y lidian en silencio -de acuerdo a Orellana- con el costo psicológico de aquella noche que les cambió la vida y tuvo a más de alguna persona opinando sobre el tema.


