Más de 10 millones de kilómetros en faenas: la minería impulsa el desarrollo de electromovilidad fabricada en Chile

Altura, pendientes pronunciadas, polvo, temperaturas extremas y caminos de alta exigencia convierten a la minería en un escenario particularmente desafiante para la electromovilidad. La experiencia acumulada en operaciones reales está permitiendo utilizar información obtenida en terreno para perfeccionar vehículos eléctricos desarrollados y fabricados en Chile.

La expansión de la electromovilidad hacia sectores productivos está abriendo nuevos desafíos para el desarrollo tecnológico. A diferencia de un vehículo diseñado principalmente para desplazarse por una ciudad, aquellos destinados a operaciones mineras deben responder a condiciones de terreno, altura y temperatura que pueden modificar considerablemente las exigencias sobre sus componentes.

En Chile, estas características han convertido a la minería en un espacio de prueba para el desarrollo de vehículos eléctricos destinados a operaciones de alta exigencia.

“Diseñar un bus eléctrico para operar en una faena minera es muy distinto a hacerlo para una ciudad. En minería tenemos operaciones a gran altura, pendientes pronunciadas, caminos en condiciones difíciles, presencia de polvo y temperaturas extremas. A eso se suma que los vehículos deben cumplir estándares de seguridad muy altos y mantener una buena disponibilidad operacional”, explica Felipe Cevallos, CEO y cofundador de Reborn Electric Motors.

Estas condiciones deben ser consideradas desde las primeras etapas del diseño. La selección del motor y las baterías, los sistemas de refrigeración, la suspensión, el frenado y los mecanismos de control del vehículo pueden verse determinados por el lugar y las características de la operación.

En el caso de Reborn Electric Motors, la compañía señala que sus buses eléctricos acumulan más de 10 millones de kilómetros recorridos, principalmente en operaciones mineras, experiencia que ha permitido observar el comportamiento de la tecnología en condiciones reales y utilizar esa información para nuevos desarrollos.

Una de las particularidades de operar vehículos eléctricos durante millones de kilómetros es la cantidad de información que puede obtenerse sobre su funcionamiento.

Los aprendizajes no se limitan a comprobar si un vehículo puede desenvolverse en una determinada faena. También permiten identificar oportunidades para optimizar el consumo energético, aumentar la vida útil de determinados componentes y mejorar el desempeño general de los equipos.

“Esta experiencia nos permite conocer cómo se comporta la tecnología en condiciones reales y seguir perfeccionando nuestros desarrollos. Por ejemplo, hemos aprendido a optimizar la recuperación de energía durante el frenado y las bajadas, mejorar la eficiencia de los sistemas auxiliares del vehículo y perfeccionar la gestión de las baterías para maximizar su vida útil”, señala Cevallos.

La información recopilada durante la operación también comienza a desempeñar un papel relevante. La compañía desarrolló una plataforma propia de telemetría que permite monitorear el comportamiento de sus vehículos y analizar los datos obtenidos durante su funcionamiento.

De esta manera, variables provenientes de la operación pueden volver al proceso de ingeniería y utilizarse para perfeccionar los siguientes desarrollos.

“Lo importante es que no partimos de cero con cada nuevo desarrollo. Aprovechamos toda la experiencia acumulada en terreno para fabricar vehículos cada vez más confiables y adaptados a las necesidades de nuestros clientes”, agrega el ejecutivo.

La experiencia acumulada en Chile también abre una segunda discusión: hasta qué punto el conocimiento obtenido en una de las industrias mineras más desarrolladas de la región puede transformarse en una ventaja para llevar tecnología fabricada localmente hacia otros mercados.

Países latinoamericanos con una actividad minera relevante presentan algunos desafíos similares, aunque cada operación tiene condiciones geográficas y climáticas particulares que obligan a adaptar las soluciones.

“Chile tiene una industria minera de clase mundial, con algunas de las operaciones más exigentes del mundo. Desarrollar y fabricar vehículos eléctricos capaces de responder a esas condiciones nos entrega una ventaja importante, porque muchas de las exigencias que enfrentamos en Chile también están presentes en otros países de Latinoamérica, como Perú, Bolivia o México”, sostiene Cevallos.

Para el ejecutivo, esto también representa una oportunidad para ampliar el rol que históricamente ha desempeñado Chile dentro de la industria.

“Históricamente hemos sido grandes compradores de tecnología para la minería, pero hoy también tenemos la capacidad de desarrollar y fabricar soluciones propias. En Reborn hemos demostrado que es posible fabricar buses eléctricos en Chile para una industria tan exigente como la minería, y creemos que esa experiencia nos abre las puertas para competir en otros mercados de la región”, concluye.

Así, los más de 10 millones de kilómetros acumulados representan algo más que una cifra operacional. También entregan información sobre cómo responde la electromovilidad en condiciones de alta exigencia y cómo ese conocimiento puede volver a los procesos de ingeniería y fabricación, transformando a las faenas mineras en un espacio de aprendizaje para tecnología desarrollada desde Chile.

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