El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, resolvió remover al sector tecnológico actual y el nombre con el que se le conoce. Según anunció el mandatario a través de su red Truth Social, el término «Inteligencia Artificial» (IA) será oficialmente prohibido en todos los documentos de su administración debido a su indignante «imprecisión«.
El diagnóstico lingüístico del gobernante es que la palabra «artificial» le suena a falso. En su lugar, Trump ha dictaminado que el fenómeno debe bautizarse como «Superinteligencia«, o simplemente «SI», una denominación que, a su juicio, le hace por fin justicia a algo que califica como sencillamente «asombroso«.

Cuestión de estado y semántica internacional
El disgusto de Trump con el lenguaje tecnológico no es nuevo. Tras recriminar abiertamente a medios como The Wall Street Journal por seguir usando el «malo e impreciso» concepto de IA, el presidente recordó que ya en septiembre expuso su reforma léxica ante la mismísima Asamblea General de la ONU.
Por si fuera poco, el mandatario aseguró que durante una reciente cumbre en la Casa Blanca le planteó la propuesta a su homólogo chino, Xi Jinping, a quien —según la versión de Trump— le pareció una idea fantástica. Así, mientras ambas potencias disputan el dominio del procesamiento de datos y el impacto de la automatización en el empleo, el gran consenso bilateral parece haber llegado en forma de rebautizo.
Un inesperado ganador en la cuenca del Adriático
Mientras los departamentos jurídicos y burocráticos de Washington se preparan para tachar cada sigla «IA» del papeleo estatal, la ocurrencia presidencial ya provocó su primer fenómeno económico global: una fiebre de compras en internet.
Apenas se difundió la obsesión por el acrónimo «SI«, inversores y entusiastas digitales se abalanzaron a comprar miles de dominios web con la extensión geográfica de Eslovenia. El pequeño país europeo de dos millones de habitantes, cuyo código de dominio internacional es precisamente .si, se encontró de la noche a la mañana siendo el beneficiario involuntario de la cruzada lingüística de la Casa Blanca.
LA FASCINACIÓN DE TRUMP POR CAMBIAR COSAS
La fijación de Donald Trump con el lenguaje no comenzó con su cruzada contra la IA, éste es el último capítulo de una consolidada estrategia política y cultural basada en moldear, purgar o rebautizar el vocabulario de las agencias estatales.
Tanto en su primer mandato como en su actual administración, el mandatario ha impulsado listas de conceptos «vetados» o «no recomendados» en los documentos públicos, portales gubernamentales e instituciones científicas de Estados Unidos.
Bajo las directivas de la Casa Blanca orientadas a erradicar lo que la administración califica de ideología «woke» (progresista), el gobierno estadounidense ha restringido o eliminado cerca de 200 términos y expresiones de las plataformas y documentos oficiales:
- Términos de género e identidad: Expresiones como transgénero, no binario, femenino/masculino en contexto de identidad, e incluso la opción del género «X» en trámites oficiales como el pasaporte, han sido modificadas o eliminadas para ser sustituidas estrictamente por el concepto biológico de sexo.
- Diversidad e inclusión: Palabras como diversidad, equidad, inclusión (el conocido bloque DEI), justicia racial, feminismo, racismo sistémico o minorías sufrieron restricciones drásticas en las comunicaciones de las agencias federales.
- Ciencia y salud pública: Términos como cambio climático, crisis climática, feto o la frase basado en la ciencia (science-based) sufrieron filtrados o advertencias en informes de organismos sanitarios y ambientales como los CDC y la EPA.


