El impacto de TikTok, Instagram y los filtros en la imagen corporal

Tras la pandemia, los diagnósticos de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) en adolescentes aumentaron un 30%. Especialistas advierten que el uso intensivo de redes sociales y filtros digitales está impulsando la insatisfacción corporal y elevando el riesgo de estos trastornos a edades cada vez más tempranas. 

En la era de la hiperconectividad, las redes sociales se han convertido en uno de los principales espacios donde niños, adolescentes y jóvenes construyen su identidad e imagen personal. Plataformas como TikTok e Instagram, caracterizadas por el consumo constante de contenido visual, han reabierto el debate sobre el efecto que sus algoritmos pueden tener en la salud mental y la percepción corporal.

Desde el Centro CADDA, primer centro de día en Chile especializado en hospitalización diurna e intervención multidisciplinaria para personas con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), advierten que la exposición permanente a modelos corporales idealizados y contenidos relacionados con dietas, ejercicio extremo o transformación física puede actuar como un factor de riesgo para personas con vulnerabilidad previa.

En Chile, la magnitud del problema es significativa. Se estima que cerca del 6% de la población desarrollará un Trastorno de la Conducta Alimentaria a lo largo de su vida, lo que equivale aproximadamente a un millón de personas (Fuente: Centro de Nutrición de Clínica Las Condes). Entre adolescentes y adultos jóvenes, la prevalencia fluctúa entre un 3% y un 5%, afectando principalmente a mujeres, quienes representan cerca del 90% de los casos clínicos reportados (Fuente: DSM-5 y estudios epidemiológicos de salud mental). Esta brecha de género se acorta cada vez más y los hombres también son personas vulnerables.

«Hoy la presión sobre la imagen corporal ya no proviene únicamente del entorno o de los medios tradicionales. Los algoritmos de plataformas como TikTok e Instagram priorizan contenidos altamente personalizados que, en muchos casos, promueven ideales de delgadez o muestran conductas restrictivas disfrazadas de hábitos saludables», explica Macarena Zuleta, psicóloga clínica y cofundadora de Centro CADDA.

La especialista agrega que «los filtros y herramientas de edición generan una diferencia cada vez mayor entre la imagen real y la identidad digital. En personas vulnerables, esta distancia puede favorecer la aparición de dismorfia corporal y aumentar el riesgo de desarrollar trastornos como anorexia nerviosa o bulimia».

Un desafío sanitario aún pendiente

Los trastornos alimentarios representan uno de los mayores desafíos de la salud mental. La anorexia nerviosa continúa siendo una de las patologías psiquiátricas con mayor mortalidad, debido tanto a sus complicaciones médicas como al riesgo de suicidio asociado. En Chile, además, la anorexia concentra la mayor cantidad de hospitalizaciones por TCA entre adolescentes de 10 a 14 años, siendo las mujeres el 91,6% de los casos (Fuente: Análisis Epidemiológico de Hospitalizaciones en Chile 2021-2024).

Pese a su gravedad, los Trastornos de la Conducta Alimentaria aún no cuentan con una cobertura específica dentro de las Garantías Explícitas en Salud (GES), lo que obliga a muchas familias a acceder a tratamientos especializados en el sistema privado. Dependiendo de la intensidad de la atención requerida, los costos pueden fluctuar entre los $400 mil y $600 mil mensuales en programas ambulatorios, dificultando el acceso oportuno para numerosos pacientes.

En este contexto, los modelos de atención intensiva ambulatoria cobran especial relevancia. Pamela Campi, nutricionista y cofundadora de Centro CADDA, señala que «los TCA requieren un abordaje interdisciplinario que considere aspectos médicos, nutricionales, psicológicos y familiares. Un tratamiento intensivo permite acompañar al paciente en los momentos de mayor complejidad, favoreciendo su recuperación y, en muchos casos, evitando una hospitalización psiquiátrica completa».

Los especialistas enfatizan que la recuperación es posible cuando existe una detección precoz y un tratamiento especializado. Por ello, recomiendan a padres y cuidadores observar cambios significativos en la conducta alimentaria, aislamiento social, preocupación excesiva por el peso o la imagen corporal, uso compulsivo de redes sociales y una fijación persistente con dietas, conteo de calorías o contenidos relacionados con la apariencia física. Una intervención temprana puede marcar una diferencia importante en el pronóstico y la calidad de vida de quienes desarrollan estos trastornos.

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