Codelco sigue siendo estratégica para Chile y particularmente para la Región de Antofagasta. Sin embargo, hoy la discusión ya no puede limitarse al simbolismo histórico del cobre ni a la defensa política de la empresa estatal. La verdadera discusión está en las decisiones de gestión que terminaron debilitando la productividad, aumentando costos y comprometiendo competitividad.
Durante los últimos años, la estatal ha debido enfrentar retrasos y sobrecostos relevantes en proyectos estructurales. El caso más emblemático es Chuquicamata Subterránea, iniciativa estimada inicialmente en torno a US$4.200 millones y que posteriormente requirió mayores recursos y extensiones de plazo para alcanzar niveles operacionales esperados. A ello se suma una caída importante en producción: mientras hace algunos años Codelco superaba ampliamente 1,7 millones de toneladas de cobre fino, actualmente bordea cerca de 1,3 millones.
En paralelo, los costos operacionales han aumentado sostenidamente. En términos simples, producir cobre hoy le cuesta más a Codelco que hace una década. Y aunque existen factores internacionales que influyen, también resulta evidente que hubo decisiones internas que terminaron afectando directamente la eficiencia de la compañía.
Aquí aparece inevitablemente el rol de Máximo Pacheco como presidente del directorio. Más allá de los esfuerzos comunicacionales por proyectar estabilidad y liderazgo, los resultados concretos siguen mostrando importantes brechas en productividad, ejecución y control de costos. La discusión no puede centrarse únicamente en anuncios estratégicos o proyecciones futuras cuando los indicadores operacionales continúan generando preocupación.
El problema es aún más delicado considerando que parte importante de la conducción que administró este complejo escenario hoy también participa de las definiciones estratégicas asociadas al litio y otros minerales críticos.
Chile enfrenta una oportunidad histórica con el litio y con el creciente interés internacional por las denominadas “tierras raras”, minerales estratégicos utilizados en baterías, electromovilidad, telecomunicaciones, energías renovables y tecnología avanzada. La disputa global por estos recursos ya dejó de ser solamente económica; hoy forma parte de una competencia geopolítica entre potencias por asegurar suministro para las industrias del futuro.
En ese contexto, Antofagasta vuelve a ocupar un rol central. La región concentra capacidades mineras, infraestructura y potencial geológico que podrían transformarla en uno de los polos más relevantes de Sudamérica para minerales críticos. Pero precisamente por eso, las decisiones requieren altos estándares técnicos, eficiencia y visión estratégica.
La ciudadanía ya observa con preocupación cómo regiones que generan enormes niveles de riqueza siguen enfrentando brechas en seguridad, infraestructura y calidad de vida. Por eso, cualquier estrategia sobre cobre, litio o tierras raras debe garantizar retorno territorial concreto y una administración eficiente de los recursos.
Porque el desafío no es solamente explotar minerales estratégicos. El verdadero desafío es evitar que Chile repita errores de gestión que terminaron debilitando competitividad y alejando los beneficios reales de las regiones que sostienen buena parte del desarrollo económico del país.






