Corría el año 2024 cuando agentes encubiertos de Carabineros comenzaron a detectar conversaciones inusuales. No se trataba de un simple tránsito de droga por el país. El objetivo era más ambicioso: instalar una base operativa en Chile.

La investigación quedó bajo la dirección de la Fiscalía Regional de Antofagasta, encabezada por el fiscal regional Juan Castro Bekios. Lo que comenzó como información preliminar pronto reveló algo mayor: detrás del plan estaba el Cártel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones criminales más poderosas de América Latina.

Chile no sería un simple punto de paso. Sería plataforma.

El modelo de negocio del narco global

Las conversaciones interceptadas mostraban una lógica fría, casi corporativa.

En origen, el kilo de metanfetamina se movía en torno a los 9 mil dólares.
Pero en mercados como Australia, el mismo kilo podía alcanzar los 190 mil dólares.

El margen era brutal.

La estrategia consistía en traer la sustancia desde México, ingresarla oculta, realizar en Chile la última fase química —la cristalización— y luego exportarla a Oceanía a través de puertos del Pacífico.

Era un proyecto de expansión internacional.

Antofagasta: el primer objetivo

En un inicio, la organización evaluó instalar el laboratorio en la Región de Antofagasta. Sectores industriales, alto movimiento logístico, intensa actividad minera ligada al cobre y al litio. Un entorno donde un galpón más no llama la atención.

Pero la planificación cambió sobre la marcha.

Mientras tanto, la operación encubierta avanzaba.

La muestra que confirmó todo

Durante 2024, los integrantes de la organización enviaron una muestra de la droga mediante courier. El análisis confirmó que se trataba de metanfetamina.

En agosto, dos ciudadanos mexicanos viajaron a Santiago para reunirse con quienes creían eran socios locales. No sabían que estaban frente a agentes encubiertos.

En esas reuniones quedó claro: el objetivo era instalar un laboratorio en Chile.

El contenedor desde Manzanillo

En noviembre y diciembre de 2024 salió un contenedor desde el puerto de Manzanillo, México.

En su interior viajaban grandes tinetas de pintura.

Pero dentro de la pintura venía mezclada la metanfetamina.

El cargamento arribó finalmente al puerto de Valparaíso. Desde allí fue trasladado hacia la zona central del país, hasta una parcela en la comuna de Lolol, en plena área rural.

La cifra era impactante: 844 kilos de metanfetamina.

Una de las mayores cantidades de droga sintética detectadas en territorio nacional.

El “cocinero” y el laboratorio rural

Días después llegaron dos ciudadanos mexicanos. Uno de ellos cumplía el rol clave dentro de la estructura: el “cocinero”, encargado del proceso químico de separación y cristalización.

En la parcela comenzaron a trabajar.

Compraron precursores químicos en Santiago.
Instalaron implementos de procesamiento.
Utilizaron coolers para la fase de cristalización.

El laboratorio estaba en funcionamiento.

Lo que ellos desconocían era que cada movimiento estaba monitoreado.

La decisión: irrumpir

A comienzos de enero, cuando al menos cinco envases ya estaban en proceso químico, Fiscalía y Carabineros tomaron la determinación final.

La irrupción fue inmediata.

Al ingresar al lugar, los imputados estaban ejecutando la cristalización. Había sustancia en transformación y equipamiento activo.

El proyecto del cartel terminaba ahí.

Los cargos y la acusación

Los detenidos fueron formalizados por:
• Tráfico de drogas
• Elaboración ilícita de drogas
• Tenencia de precursores químicos
• Asociación ilícita para el narcotráfico

El pasado 18 de febrero, la Fiscalía presentó acusación formal solicitando 35 años de cárcel para cada uno, sumando 70 años en total.

La señal fue clara: el Estado chileno no permitiría la instalación de una estructura criminal extranjera en su territorio.

¿Una amenaza aislada?

Según explicó el fiscal Juan Castro Bekios, este caso no es un hecho aislado. Las rutas del narcotráfico internacional han cambiado.

Mayor control en Estados Unidos.
Transformaciones geopolíticas en la región.
Búsqueda de mercados más rentables.

Oceanía se ha convertido en uno de los destinos más lucrativos para la metanfetamina y la cocaína.

Y los puertos del Pacífico son clave en esa estrategia.

Lo que estuvo en juego

No se trataba solo de 844 kilos.

Se trataba de establecer una “plaza”.
De consolidar una base.
De abrir una nueva ruta internacional.

Si el laboratorio hubiese operado con éxito, Chile podría haberse transformado en un nodo logístico para el tráfico de drogas sintéticas hacia Oceanía.

La operación encubierta lo impidió.

El juicio que viene

Ahora el caso se encamina hacia juicio oral. Será allí donde la Fiscalía buscará acreditar cada etapa del plan: desde la infiltración, el envío de la muestra, el contenedor desde México, hasta la cristalización en Lolol.

Esta historia no terminó con la irrupción en la parcela.

Pero ese día marcó un punto de inflexión.

El cargamento nunca llegó a Oceanía.
El laboratorio no se consolidó.
Y el intento del CJNG de asentarse en Chile quedó frustrado