La tragedia ocurrida en Renca, donde un camión que transportaba gas licuado volcó y posteriormente explotó, vuelve a poner en el centro del debate público la seguridad en el transporte de sustancias peligrosas en Chile. Más allá de la investigación penal en curso —que deberá determinar eventuales responsabilidades por exceso de velocidad, fallas mecánicas o incumplimientos normativos—, el accidente abre una discusión más amplia sobre infraestructura vial, fiscalización y cultura preventiva.
Para Valeria Campos Castillo, ingeniera en procesos químicos y profesional con experiencia técnica en normativa asociada a Sernageomin, el primer error es conceptual.
“Se habla muchas veces de residuos peligrosos, pero en estos casos estamos frente a sustancias peligrosas. Son materias primas o productos que forman parte del funcionamiento normal de industrias, minería, transporte e incluso de la vida cotidiana. El problema es que convivimos con ellas sin saber identificarlas”, explica.
Normativa existe, pero ¿se fiscaliza?
En Chile, el transporte de sustancias peligrosas está regulado por decretos y normas técnicas que establecen exigencias claras respecto a rotulación, señalética, condiciones del vehículo, capacitación del conductor y medidas de seguridad ante derrames o incendios.
“Los camiones deben portar rombos de seguridad que indican la clasificación del producto: inflamable, corrosivo, reactivo, tóxico. Es una señalética estandarizada. Pero la gran pregunta es: ¿cuántos ciudadanos saben leer esa información?”, plantea Campos.
En el caso del accidente en Renca, la magnitud del incendio dificultó inicialmente la identificación del producto transportado, precisamente porque la señalética resultó destruida.
“Eso demuestra que no basta con que exista la norma. Se requiere fiscalización permanente y, además, educación ciudadana. Así como estudiamos para obtener licencia de conducir, deberíamos conocer al menos lo básico sobre las sustancias peligrosas que circulan por nuestras rutas”, agrega.
Infraestructura vial y rutas críticas
La especialista también advierte que el problema no se limita al cumplimiento normativo del transporte, sino que incluye condiciones estructurales de las carreteras.
Como ejemplo, menciona la ruta entre Calama y San Pedro de Atacama, donde no existe doble vía en varios tramos y tampoco hay barreras de contención adecuadas.
“Por esa ruta circulan buses con turistas, trabajadores mineros y camiones que transportan sustancias altamente corrosivas o inflamables. No contar con doble vía ni sistemas de contención incrementa significativamente el riesgo ante un volcamiento”, sostiene.
En el norte del país, agrega, es habitual el transporte de productos como ácido sulfúrico, utilizado en procesos mineros.
“El ácido sulfúrico es altamente corrosivo. Si entra en contacto con la piel, puede provocar daños severos. Por eso el transporte y almacenamiento deben cumplir estándares estrictos”, explica.
Responsabilidad empresarial y cultura preventiva
Campos enfatiza que la discusión no puede centrarse exclusivamente en el conductor del vehículo siniestrado.
“Aquí hay una cadena de responsabilidad. Las empresas deben asegurar que los vehículos estén en condiciones óptimas, que los conductores cuenten con capacitación adecuada y que se respeten protocolos de descanso. También deben cumplir estrictamente las normas de almacenamiento y transporte”, señala.
La experta advierte que, incluso fuera del ámbito industrial, existe desconocimiento respecto del manejo seguro de sustancias químicas.
“En los hogares convivimos con productos inflamables y corrosivos: cloro, pinturas, combustibles, gas. Existen normas sobre almacenamiento y separación de sustancias reactivas. Pero muchas veces no se conocen o no se aplican”, afirma.
Según su visión, el desafío es avanzar hacia una cultura preventiva más robusta.
“No se trata de generar alarma, sino de asumir que estas sustancias forman parte de nuestra vida diaria. La clave es saber identificarlas, comprender su riesgo y exigir que se cumplan las normas”, indica.
Una oportunidad para revisar el sistema
La explosión en Renca dejó cuatro víctimas fatales y múltiples heridos. Para Campos, la tragedia debe servir como punto de inflexión.
“Necesitamos revisar la fiscalización del transporte, la infraestructura de las rutas, los horarios en que circulan estas cargas y la responsabilidad empresarial. La normativa existe, pero debemos preguntarnos si estamos haciendo lo suficiente para aplicarla”, concluye.
En un país donde la actividad industrial y minera implica el transporte constante de sustancias peligrosas por carreteras que también utilizan familias y trabajadores, la advertencia es clara: convivimos con estos riesgos a diario, muchas veces sin saberlo.
Y el desafío, según la experta, es aprender a identificarlos antes de que una nueva tragedia vuelva a poner el tema en la agenda.








