Los resultados de la duodécima ronda del Termómetro de la Salud Mental, elaborado por la Asociación Chilena de Seguridad (Achs) y el Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la Universidad Católica, exponen una alerta profunda sobre el bienestar psicológico en el país.
Un 18,5% de los encuestados reporta la presencia o sospecha de problemas de salud mental, lo que representa un aumento de 5,8 puntos porcentuales respecto al año anterior y la cifra más preocupante desde los periodos más complejos de la pandemia. El retroceso no obedece a un síntoma aislado, sino a un deterioro sistémico que abarca aumentos paralelos en cuadros de ansiedad, cuadros depresivos, trastornos del sueño y sentimientos de aislamiento social.
La sintomatología depresiva moderada o severa escaló al 16,2%, empujada por una acentuada brecha de género donde el 20,5% de las mujeres manifiesta estos síntomas frente a un 11,6% de los hombres.
ANSIEDADES Y MAL DORMIR
De forma simultánea, la ansiedad moderada o severa alcanzó al 17,9% de la población, con un incremento notorio entre los hombres. Estos malestares se traducen de forma concreta en la calidad de vida: el insomnio afectó al 14,3% de las personas y la soledad percibida se elevó al 21,9%, evidenciando cómo el desgaste psicológico se somatiza y altera los ritmos de descanso y vinculación afectiva.
EL ALCOHOLISMO AUMENTA ENTRE PERSONAS SIN TRABAJO
El consumo de alcohol de alto riesgo bajó a un 6,3%, lo que representa una importante reducción de 3.8 puntos porcentuales respecto a 2025 y se ubica entre las tasas más bajas desde 2020. Sin embargo, este indicador salta al 11.2% entre las personas desocupadas.
EL CAMBIO CLIMÁTICO SURGE COMO NUEVO FACTOR DE ESTRÉS
Más allá de los factores estresantes tradicionales como el miedo a la delincuencia, el informe revela la irrupción de nuevas fuentes de ansiedad asociadas al futuro laboral y los cambios tecnológicos, destacando la preocupación por la automatización y el impacto de la inteligencia artificial en el empleo, sumado al estrés por el cambio climático que subió al 53,8% y las tensiones sociopolíticas que alcanzaron un 52,5%. Asimismo, la precariedad económica y la inestabilidad laboral actúan como un catalizador directo de este desgaste, duplicándose la prevalencia de síntomas en personas desocupadas en comparación con quienes poseen un trabajo formal.
LA BÚSQUEDA DE APOYO SIGUE SIENDO UN PROBLEMA
El aspecto más complejo del panorama radica en la barrera cultural e institucional para la búsqueda de apoyo profesional. Más del 60% de quienes presentan síntomas de deterioro psicológico señala no considerar necesario buscar atención o cree que puede superar la situación por sus propios medios, lo que perpetúa la normalización del sufrimiento emocional. Sin embargo, entre quienes sí logran acceder a tratamientos, más del 73% declara haber experimentado una mejoría efectiva, lo que subraya la eficacia de los abordajes profesionales y plantea la urgencia de fortalecer las políticas públicas, ampliar las coberturas en la red pública y abordar la salud mental ya no como un problema individual, sino como una prioridad de salud pública.


