Señor Director:
Hay algo particularmente frustrante en materia de seguridad: saber que una persona puede volver a delinquir y, aun así, tener que sentarse a esperar que lo haga.
A través de nuestro trabajo en consejería remota para comunidades hemos comenzado a identificar nuevas formas de operar. Personas que entran detrás de un residente, una visita o un repartidor, aprovechando unos segundos para acceder sin autorización. Con el tiempo, estos hechos dejan de ser aislados: tenemos videos, registros y antecedentes que permiten identificar a las mismas personas y reconocer patrones que se repiten en distintos edificios.
Sabemos dónde han estado y, en algunos casos, dónde han robado o intentado hacerlo. Trabajamos con Seguridad Ciudadana y Carabineros para compartir estos antecedentes y alertar cuando vuelven a aparecer. Pero si son identificados antes de cometer un delito, no pueden ser detenidos. Y cuando se trata de hurtos menores, muchas veces la sensación es que, tras el proceso, vuelven rápidamente a la calle.
Entonces surge una pregunta simple: ¿qué hacemos con toda esa información?
Hoy tenemos más herramientas para identificar patrones y anticipar dónde podría volver a ocurrir un delito. Sin embargo, esa capacidad no siempre se traduce en una posibilidad real de prevenirlo.
No se trata de detener a alguien por una sospecha ni de pasar por encima del debido proceso. Se trata de preguntarnos si tenemos las herramientas suficientes para proteger a las personas cuando ya existen antecedentes que muestran una conducta reiterada.
Porque prevenir no puede consistir únicamente en reaccionar mejor después de que algo ocurrió. El desafío es qué hacemos con la información antes, cuando todavía existe la posibilidad de evitar que vuelva a ocurrir.
Cristián Maturana
CEO de Millacero


